Diversidad feriado

Suelen aparecer fantasmas, que a veces te miran desde atrás de la mirada de un perrito o de una parejita de loros -o lorxs-. Luego permanecen los metamensajes, el metalenguaje que nos habla gratuitamente desde todas las paredes de la ciudad… ¿que significa una medianera blanquísima y muy bien pintada?; ¿y una garita amarilla?… tal vez no es problema ni la garita-objeto ni la pureza-pared, el problema es que siempre hay alguien dispuesto a habitarla -renovarla con la brocha o el pincel-. Y están los murales, esos decorativos y nihilistas simulacros del grafitti,… “que las paredes son del pueblo, no de la municipalidad”, dijo Fausto Denegri en su “Me cago en todx y en todxs”. De todos modos la luz escapa a la palabra y a la definición… la luz indefinida… vemos la foto de un instante detenido de esa luz que es continuo viraje, cambio, movimiento, desarrollo sin objeto, como el río, es fluir perpetuo, simplemente ser, inasible capacidad que suele encontrarse al alcance de la mano, también. Es color, reacción termonuclear, un amarillo que resulta del delicado equilibrio en la fusión del hidrógeno en helio. Cuatro a uno. Una orgía extendida que alberga los personajes más extraños, hasta aquellos que nada pesan y que viajan y viajan y todo lo atraviesan a la velocidad de la luz. “Tornillo” nos trae de nuevo a la realidad. O ese recuerdo que alguna vez fue el verdadero “Tornillo”, porque “Tornillo” ya no está.

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Calidoscopio invierno

Una mirada viva frente al objetivo, y la imagen de la imagen también. Luego cuadras y cuadras bajo los pies y el sol pasando en su elipse… loros en la ventana, perros en el anuncio, un felino con ojos como vidrios de una catedral. Y la sombra, siempre la sombra.

“En el otro mundo no hay sombras”, dice el viejo Juan mientras Carlos se pierde en tomar notas; pero el calidoscopio está más allá de ello, de ellos, del tiempo del reloj y también de conseguirlo, llegar, acabarlo; y, por supuesto, de esto que escribo. Estamos enfermos de sed de gloria, y si la vida brilla como el sol siempre brilla en TV, entonces la Luna es más Luna en la imagen que la Luna ahí arriba… y sin embargo, la contradicción: se hace la foto y luego se publica. El lenguaje que intenta expresar lo real es un código que, como el chicle, se pega en el pelo y en la planta de los pies, y se mastica y se mastica hasta que pierde todo el gusto y se vuelve duro; entonces se escupe.

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Laguna y tormenta -reclusión en Lobos-

Llegamos el viernes en el tren bajo el sol del mediodía; almorzamos Locro en lo de Pinto, y entonces aparecieron las nubes. Altas, gordas, negras, llenas de agua. Más tarde el bondi nos dejó en la laguna y salimos a comprar esos ravioles lobeños rellenos de verdura, crema, queso azul y unos tubos de tinto. Pintó el ajedrez y la TV, las sillas en el balcón, el mate y un par de fasos, y arriba se fue armando la tormenta con precisión científica. La mañana del sábado, el café con leche y las medialunas, la luz plana del cielo gris, los imparables pajaritos, la caminata, los perros, la laguna, las fotografías… y la lluvia que comienza, una gota aquí, una gota allá, el clima extático, el tiempo detenido… tres gotas, cien gotas, un millón gotas y finalmente toneladas de agua cayendo desde el cielo encapotado entre rayos y centellas. Y ya no se detuvo.

El domingo dejamos chapoteando el agua y el barro y regresamos al pueblo para ver la final de fútbol, otra vez en lo de Pinto. Luego de la derrota la tristeza de no encontrar un bondi nos llevó a dormir en la terminal. Seis de la mañana hasta Navarro, y desde ahí 136 hasta Ramos Mejía, con el ganado del lunes rumbo a sus puestos de trabajo… un final para el suicidio.

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