Brindo -que no es poco-

Finalmente llegamos al final, sea éste el final que sea: el final del día, del tiempo, de la primavera, del año, de la vida, de las vidas, de los zorzales que otra vez se reproducen y enseñan el vuelo a sus crías, de la/las muertes -¡no hay muerte en el vacío!, chilla Rajneesh mientras estaciona sus 99 Rolls-, de los picaflores-terratenientes que ya suman cuatro casas frente a la puerta de casa… el final, hermoso amigo, el final. Y hay de todo: Villa Real rumbo al barrio boliviano, un incendio desde la terraza, mucha imagen en blanco y negro, una escalera al cielo, mi chica en la ventana –esas movidas fotos de mierda-, y la última solitaria salida, que empezó en dos piernas y terminó, moscatel mediante, en sólo una.
Y no hay más que agregar, pues no hay explicación. Y no tener nada que decir es mejor que hablar al pedo.
Brindo por el vacío, ese que Don Juan asegura “estar lleno hasta el borde”.
Brindo por ese amor que no teme al odio, y por esa compasión enriquecida por la ira.
Brindo por la vida, desde luego, y por su antónimo.
En definitiva: brindo -que no es poco-

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