No, no lo olvido

Dicen que uno va recordando más lo anterior que lo inmediato, y que esa particularidad humanoide se acentúa mientras más se acerca uno a la tumba.
Sin embargo la negación borra -¿o sepulta?- toneladas indeseables de información “no deseada”: miles de horas en la escuela reptando entre letanías de geografía, de matemáticas, de música, de historia, de (de)formación (in)moral y (anti)cívica…
Luego, recordamos sucesos traumáticos… y olvidamos los más hermosos: besos, rostros, cuerpos, sonrisas, nombres, sudores, paisajes, lágrimas; horas y horas de dicha borrada de un plumazo temporal.
Mecanismo de defensa, le llaman. Herramienta de supervivencia, le dicen: tensión-alerta-alarma-resorte: y entonces, como diría Bukowski, “a poner los pies en polvorosa”… correr, rápido, porque ya chilla la licuadora y llega presto la policía.
Otro humano, como yo, lo sabe y lo recuerda. Y como esto no es joda (puede ser de plomo o puede ser de goma) encuentra una radiografía vaya a saber de quién, la agujerea, sale a la calle, aerosol en mano, y lo escracha en una pared cualquiera.
Una advertencia, como en Alien… ésta dice: “cuidado con el bicho policía, que no es alienígena pero te mata igual”
Sí, la policía… siempre la policía.
Por eso, amigo -¿amiga?- desconocido: yo no, no lo olvido ¿como olvidarlo?, demasiadas veces tuve frente a mis narices a ese bicho condenado, bicho mata hombres. Demasiadas veces tuve que padecerlos y escucharlos, visitar sus nidos meados y llenos de pulgas, cambiar mi itinerario a la fuerza, que es su fuerza, su arbitraria fuerza… ¿que esperar de un ser que, como máximo logro de vida, se cuelga un palo y un arma en la cintura y sale a la calle a defender, a los golpes, al poder de turno?
Amigo grafitero: no, no lo olvido: la poli nunca cambia. Como el escorpión, su naturaleza es golpear, matar, “abollar ideologías”, diría Mafalda.
Luego vienen las otras, las bellas personas, esas que dibujan mariposas en sus puertas… dejan la impronta de sus palmas en una gruesa capa de pintura asfáltica… que pasan y tachan -vaya a saber uno porqué- la palabra “puto”, y otro, yo mismo, fotografío el maravilloso efecto… (lo único malo de “lo puto” es utilizarlo como insulto) y las sombras, y las hojas muertas, y la comida chatarra tragándose al candidato, y la “mente sana en cuerpo sano” (y… ¡otra vez a correr!, ¡que de nuevo llegan los ratis, y detrás viene el cura, y detrás el director de escuela, y detrás el médico y las enfermeras y el psiquiatra y el dueño de la funeraria, centímetro en mano!)
Las flores no se manchan con estas desgraciadas creaciones sub-humanas. Tampoco los jóvenes.
Hay más fe -sí, Creo- en la vida en un pequeño y rebelde stencil libertario que en todos los sermones de cada domingo, que en todos los manuales que fatigan las escuelas, que en todos los diarios y revistas, que en todas las jeringas y cánulas y espéculos y supositorios que torturan descaradamente al que espera el final viendo las tristes paredes de un mugriento hospital del conurbano bonaerense.

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