Los demonios

Viven en nuestro mundo, se reflejan en nuestros espejos, lloran, ríen, trabajan, odian, corren, aman, procrean, nacen y mueren.
Y, como todos, se preguntan por la verdad.
Nunca una regla vivió más que su excepción, y así les sucede a los demonios.
En tiempos inmemoriales los hombres convirtieron La Palabra en persecución y atadura, y entonces los demonios existieron.
Están aún entre nosotros, caminan en nuestras calles, llevan sus niños al colegio, esperan en las puertas de nuestros templos, esperan la misericordia.
No la de Dios, que los ama y, por eso, los ignora.
Esperan la nuestra.

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