Las sombras, el cemento y las zanahorias del azar

Gratuitamente dibuja el azar sus sombras sobre cualquier esquina, y es la misma gratuidad del verde y desnudo pulmón que filtra el aire que respira aquel que dispara la cámara mientras piensa en la zanahoria del final… -la zanahoria es el resumen perfecto de la ideología capital-.
El profeta ya sabía, mil años antes de la Cruz, que terminaríamos como hormigas, acumulando grasas entre los huesos para pasar el invierno.
Yo no quisiera.
Se necesita atrapar esa luz, esa felicidad que sólo se aprecia en aquello que es hermoso porque, entre otras razones, no cotiza en bolsa.
Casi todo está en venta: la religión, el horno y el pan, el néctar de la vid, el sexo seguro, la moral y sus pequeñas moralinas patrioteras, el éxito del podio, la gloria.
Y lo demás, transparente e ignorado, las sombras de ese azar que se resiste al mercado, es el único alimento real.
Alimento orgánico, sin grasas trans ni pesticidas de cagada.
Garantizado.


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