El Batman mosquito

Francisco Beiró y Lope de Vega: el Batman mosquito acecha un metro y medio por encima de la cabeza del transeúnte mas alto.
No acecha desde hace poco, no, llegó aquí, a nuestro siglo XXI, hace cuatro años atrás, en ese trágico viaje de teletransportación futurista en donde su genética de murciélago superpoderoso se vio trágicamente mezclada con la de un simple mosquito anópheles.
Ahora el Batman díptero se ha vuelto vil, olvidando su moral de paladín anterior: su mezcla vampiro-zancuda ya no puede resistir el llamado de la sangre humana.
Nos acecha, entonces, cruel desde el cartel.
Yo lo acabo de ver ahí arriba, expectante, mientras esperaba la llegada del 53 que viene desde La Boca y va para Caseros… este Batman me pareció tan triste y extraviado, tan solo y confundido, que casi me emocionó hasta las lágrimas.
Lo fotografié a discreción a pesar de temer su ataque, pero las bajas temperaturas hoy reinantes lo entumecieron tanto -se sabe que los mosquitos no soportan el clima helado- que se quedó ahí, impotente, viéndome disparar una y otra la cámara frente a su ridículo antifaz de otrora insigne paladín.
No es del todo igual al Batman que todos conocemos… exceptuando su descomunal musculatura -ahora quitinada- y su traje oscuro de murciélago volador, le ha crecido una trompita, esa proboscide que es el tubo por donde succiona la sangre de los aleatorios caminantes despistados que se detienen bajo su dominio.
Ahora, mientras sopla y sopla el viento helado detrás de mi ventana, no puedo dejar de pensar en él y en su soledad de hambruna.
Tal vez más tarde le lleve, en un tupper, un poco de sangre del pollo que justo ahora está trozando mi mujer.

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