El camino de las nubes

No caminamos por ese camino…
Habituados a la tiranía del deseo, buscamos forma en el consumo,
buscamos certeza en la opinión,
queremos ser… éxito, aplauso, la cima y la mera acumulación:
esa tóxica inercia que desciende en espiral rumbo a la disolución total.
Nunca La Nube.
La Nube es fecunda y fría, y sus caminos son insondables.
Es hermana de la brisa y madre de la lluvia.
La Nube baila bajo el sol, juega en la aurora y llora sus lluvias en el reino de la noche…
Y así como nadie sable donde sopla el viento, ni si viene, ni adonde va,
flota en su silencio de hesiquía sobre el mundo loco y aparente bajo los astros sin forma.
Sin rostro ni pretensión de identidad, deja su impronta en el brote, en la placenta, en la lágrima, en la humedad del globo ocular.
No se puede comprar una nube, no se puede vender.
No se atrapa ni se encierra con barrotes, no cotiza en bolsa ni se subasta en internet.
La nube es metáfora de lo inútil, de lo inasible, de lo huidizo…
del Tao.
En el camino de las nubes caminan los santos,
esos que renunciaron al oro, al poder,
y a las certezas de las formas.
Ahora me voy:
ya sopla el viento y cae la lluvia.

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