Un Jesús en la pared

Ayer caminaba por Santos Lugares y me encontré con un Jesús en la pared… me lo quedé viendo, algo me ofrecía este Jesús, en sus manos parecía tener una manzana o un pedazo de sandía.
Sonreía desde el cemento coloreado con dientes muy blancos y cara de rock & roll.
Le hice una foto y me fui.
Regresé muy tarde, medianoche, y al ver el Jesús en la foto, no pude evitar preguntarme a mi mismo:
Este Jesús… ¿es Jesús?
¿Es el Jesús que yo conozco?
¿El Jesús que convirtió el agua en vino en las bodas de Caná?
¿El que fue clavado en la Cruz?
¿El que multiplicó los panes?
¿El que NO condenó a la prostituta?
¿El que nos instó a practicar una comensalía abierta?
¿El mismo que resucitó a Lázaro y que se rodeó de la “lacra” de Israel?
¿Este Jesús es el que dijo que “el origen de todos los males es el amor al dinero”?
¿Es el mismo que dijo que “es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja que un rico vaya al Cielo”?
Y este Jesús, el de la pared… ¿de donde salió?
¿Este quién es?
¿Quien dibujó a ese Jesús con cara de cómic argentino de los ’70?
Yo lo veo más cerca de García Ferré que del Evangelio de Juan.
Más cerca de la banalización total que de la religiosidad pura.
Lo veo más cerca de Woodstock y de una planta de porro que de la tierra de Caanán.
Jesús, el mío y el de todos, no sonríe al pedo desde una triste y húmeda pared del subdesarrollo,
Él me ama, Él nos ama,
y nos perdona todo…
hasta que lo representemos tan pero tan feo en el borde de una calle.
Estos Jesuses que andan dibujados por ahí no son Jesús.
Jesús, el original, no es, ni fue, ni será nunca un simulacro.
Jesús es amor.
Y ése, el amor, es el primer peldaño de una escalera que sube y sube y sube y sube hasta el infinito.
“No juzguen para no ser juzgados”, dijo hace dos mil años el Jesús original, el único…
nada dijo ni de sandías ni manzanas.

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