La última Navidad

Sucedió el último día de 2013, cuando ya nadie lo esperaba… ni los curas, ni los fieles, ni los incrédulos, ni los pastores, ni los testigos del Reino, ni los gobiernos, ni los ejércitos, ni la ciencia.
El regresó.
La Navidad fue el 25, pasaron el 26, el 27, 28, 29 y el 30…
y al amanecer del 31 apareció La Señal en el cielo.
Vino entre nubes.
El Ángel que lo precedió colocó el pié izquierdo sobre la tierra y el pié derecho en medio del mar.
A pesar de todos los pronósticos que fatigaron los siglos, en un sólo día transcurrió todo “el Apocalipsis de Juan”… los caballos y las plagas, el aparato de la bestia , los santos y las palmas, las vestiduras blancas, Babilonia arrastrada sobre sus vergüenzas frente al llanto de todos los que amaban sus prostituciones y su lujo.
Y el anticristo.
Llegada la noche de ése último día, el adversario compareció frente al Trono del Cordero, y se pesaron sus culpas…
y la balanza lo condenó.
Sin embargo el Hijo del Hombre le regaló una última oportunidad al diablo, una oportunidad que éste, ennegrecida el alma, no dejó de aprovechar.
A las diez de la noche comenzaron a vaciar el infierno, y quince minutos antes de la medianoche que anunciaría la llegada del nuevo año, apareció en cada casa, en cada calle, el los ojos de todos y en la carne y en todas las ciudades del mundo, la única, la más bella, la gema de Dios, la Transmutada, la Única, La Esposa del Cordero.
2014 fue, entonces, el año uno de La Jerusalen Celestial,
que es recorrida y circundada por calles de oro.
2013 fue recordado, entonces, como “el año de la última Navidad”.
La Misericordia fue total ese último día.
Todos, ahora, somos en Él… hasta los que lo traspasaron.

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