Paronama desde el bondi

Una noche el 123 atraviesa las calles de Villa Lynch llevando entre sus butacas a silencios vigilantes, un señor exultante lleva un overol… señoras rubias espían con temor a la jungla externa que cobra vida mientras las horas se deslizan junto a la luna sobre el centit y hasta el próximo amanecer. A mi lado, chica mandolina; en mis manos, la cajita de atrapar luz… pero hay alcohol en el sistema; las conexiones abultadas y complejas como autopistas energéticas formadas por una trillonada de nadis hindúes -y por muzarella- pierden las capacidades de momento…
Rayas. Globos platinados. Un color escarlata todo alrededor.
Y risas infinitas diciendo adiós a otro año que se va y no regresa, otra vez el planeta azul en una vuelta completa girando y girando todo alrededor del sol.
Un momento. Todo es sólo un momento, un bello instante entre infinitos.

Los comentarios están cerrados.