Chica mandolina

Chica mandolina posa frente al sol el mediodía de domingo… entre sus manos una mandolina boliviana con reminiscencias renacentistas, brillante vibración de doce cuerdas, madera corazón de las angostas callecitas en tránsito por La Paz.
Chica mandolina ve su inspiración en el cielo de lo alto; tal vez un recuerdo de verano, una brisa o un color; una sombra parece atravesar su mirada, pero hay tanto en los ojos de chica mandolina, tanto y tan profundo, que casi todo puede ser…. o tal vez no sea nada.
Chica mandolina juega con sus sonidos sin ánimos de ganar ni de perder, ni pretende lograrlo siquiera. Ella escapa de esa necesidad que es prisión, no se perturba si no convence, no se envanece si emociona.
Chica mandolina fluye.
Chica mandolina, finalmente, deja las cuerdas sobre la mesa de tiempo y de cartón y carga su trampa de luz rumbo al infinito… necesita atrapar el espectro una vez más, una nube o un calor, el reflejo de la vida respira entre sus dedos, respira una vez más…

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