El templo

El templo se levanta otra vez frente a mis ojos. Sus muros son antiguos, fríos y de piedra. El sol, alto aún, juega con sus vitrales multicolor y los contornos de sus santos entronados en el pasado se derraman con brillo tornasol sobre los orantes reclinados y silenciosos. Al fondo y detrás del altar, una imagen, una virgen superior de una belleza suprema, levísima, femenina y sutil hasta el erotismo.
Y hay sombras. Y ecos de pasos y crepitar de cirios que, tal vez, quemen y purguen viejas y nuevas culpas que no tardarán en renovarse.
El templo otra vez frente a mi. Un espacio que parece ser espacial, profundo y sideral.
Y Dios. Todo dentro y fuera y cerca y lejos y siempre e infinito.
Dios… el universo escrito con el lenguaje mudo y perenne de Su amor.

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