Ironía en las sombras

El tiempo desdibuja los contornos y los rostros, la lluvia los encapulla y el viento los arropa como crisálidas casi amorfas, obligadas a moverse hasta el fin, más allá de la propia mirada, mas allá de los deseos.
Y desde el bondi voyeur un sensor las atrapa en una porción minúscula de ese triste devenir, las congela y eterniza en un tiempo irreal que nunca es el tiempo verdadero, que nunca es el tiempo de la propia mirada ni de los propios deseos… o casi.
Somos sombras.
Bastante seguros de nuestra condición de eternidad…
¡Que ironía que vivir sea fragmentarlo todo en compartimientos aprobables!

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