Las paradojas del amor

Lejos de Zenon y de las liebres y las tortugas, no es muy complicada esta paradoja… se trata de la multiplicidad del amar, de desear tanto a alguien hasta que duela, y al mismo tiempo, de experimentar por la misma persona una ternura casi delirante, podría decir, una ternura que llegue hasta las lágrimas.
Una vez me dijo un cura amigo que Dios manifiesta su amor a través del amor de una mujer… y este amor, este fuego, esta gozosa debilidad es tan parecida a lo que yo creo que es el amor de Dios, que ya no tengo dudas.
Dios me ama, entonces.
Nunca es perfecto, por supuesto. Y está bien que así sea, porque en este plano lo perfecto reina sólo en la muerte y en el olvido… y lo demás, presente, es pura y absoluta gracia.

…como los pescaditos que nos comimos en “El Pescador Romano” la noche de ésta foto… pura gracia de lenguado al roquefort y vino tinto.

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