Segundo día en Navarro

Aunque los colchones de las camas eran una especie de tortura medieval, bastó la visión de la plaza en la mañana brillando bajo todo ese sol, para olvidar el dolor de espalda. Bajamos a desayunar y luego a caminar el pueblo. Primero fuimos al museo del ferrocarril; armado por un ex guardia de estación que aún vive en las instalaciones, es un museo que sólo la pasión por el tren de una persona que ha vivido toda su vida alrededor de las máquinas y las vías puede sostener con tal dignidad y belleza… los cuadros, las maquetas, los boletos centenarios, las fotografías antiguas, las señales y maquinarias aún en funcionamiento al igual que el reloj de la estación, pieza centenaria de origen inglés.
Luego el almuerzo y los mates en la plaza, y por la tarde caminata pueblerina en busca de sombras y ventanas bajo la mirada suave del sol del atardecer.

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