El escape del recuerdo

Bueno… 21 de setiembre, 2012. Me  acabo de encontrar con mi amigo el payaso. Estaba en la mesa vecina con su vástago y la payasa mamá. Pizzería Santa María. Pedí una chica de muzzarella que me decepcionó, fea. El moscatel está bueno, pero va por cuenta de Crotta hermanos. Estoy leyendo “Argentinos” de Jorge Lanata………… repito: ¡estoy leyendo ARGENTINOS,de JORGE LANATA!. Y me gusta. El libro es del 2002, o sea, diez años ha. De todos modos sólo leí 53 páginas.
Me estoy meando. En la mesa contigua -enfrente- está Gerard Depardieu, un puto, un musulmán muy prolijo y un obrero metalúrgico. Al norte y a mi drecha, Carlos Gardel está sentado junto a Jean Francois Casanova; y justo enfrente de mi vista hay una lesbiana declarada abrazada con su novio, ex combatiente de la TV. En la mesa del francés llega más gente, el padre Lucho con veinte años más y mucha mejor onda, y mi ex alumno Diego, muy gordo y muy viejo, aunque aún mantiene sus rulos.
Los dos cieguitos siguen sentados a mi izquierda, hablan por celular, comen pizza, ríen, beben cerveza. Le gente entra, sale, come, mea, bosteza, se conoce, corre las sillas, pide las pizzas, golpea los platos, ensucia las mesas, tenedores a las bocas, cartas en las manos, risas, Gardel a mi espalda, engominado, la campera de la nariz perforada, cubiertos que chocan, fútbol eterno de TV, el payaso se fué, dice que la pizza es una mierda y tiene razón, los ciegos chupan Stella Artois, el vástago no me miró, un plato se estalla en el piso, estoy medio en pedo, esta pizzería Santa María es un fantasma de la original, me quiero ir, otra mesa para los muchachos, alguien empuña una cruz, dos masas más, gestos, barbas, salen dos chicas con su pizza caliente dentro de una bolsa plástica, servilletas inmaculadamente limpias esperan ser utilizadas por bocas grasientas en sus habitáculos plásticos coca-cola, un Eduardo Aliverti desvencijado espera una porción al corte junto a la barra, mira el piso, sólo mira el piso, me quiero ir, una viejita rubia platinada entra de la mano con un jovencito por la puerta de atrás, lleva minifalda y toneladas de nylon, tinta naranja, aún sobreviven los neones, cuantos años, nylon para contener carne que cuelga, gente masticando masa, la calle detrás del vidrio, cuantos años que se pierden porque el lugar se transforma en un no lugar en beneficio del mercado, y la historia perdida que perdura sólo en mi mente como un recuerdo que es una daga también, cambiaron los mozos, los dueños, una daga en mi memoria, cambiaron los dueños y las luces y los cuadros, las sillas y las mesas aún permanecen, pero todo está condenado al sepulcro… lindas luces, marquesinas, coca cola, una propaganda de coca cola, rating, tubos grolux para realzar el color, modernismo, consumo, ante todo, una escenografía que representa el mismo lugar en todo el planeta, una mentira, un mundo de mentira, otra pizzería que ya no es….. out.
Que desasosiego provoca no poder reconocer un sabor, una visión, una permanencia. Triste, muy triste. Y es como dijo Cortázar: se muere cuando mueren los demás, se muere cuando mueren los ídolos, se muere cuando el entorno se transforma y se escapa para siempre del recuerdo. Se muere.

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