Fotos en la ex ESMA

Es la primera vez que entro. Siempre lo evité porque está muy trasmano desde Caseros. Una expo de fotos y el deseo de mi chica me obligó… y la verdad es que llegamos más rápido, 123 + 28, de lo que suelo demorarme en ir a comer una pizza a Chacarita.
Temí lo peor: depresión profunda; pero como todos los propósitos en la vida son insondables, desde que entré me sentí sobrio, libre, lleno de silencio; no puedo decir feliz, pero sí admirado, y por sobre todo, agradecido.
El salón de exposiciones es un polvo; la muestra, imperdible, toda ella. Y como inauguraban, hasta ofrecieron un lunch verdaderamente envidiable.
En un momento, estando ya un par de horas largas allí dentro, en ese ámbito que treinta años ha era el del ejercicio de la más extrema barbarie y de la falta total de respeto por la vida, me vino a la mente la palabra exorcismo…. actividad exorcística… el acero de las armas forjando arados. Y hasta creí percibir unas débiles melodías de paz y a capella reberverando detrás de las paredes, debajo en los cimientos, ocultas para siempre de la mirada, pero ya libres de la herrumbre de cadenas destrozadas que no están ni estarán. El Arte naciendo como la hierba perenne desde la tierra olvidada de la muerte.
Al salir, la sensación fué la de abandonar un Templo.
Ya en la esquina las ganas de volver me inundaron de certeza.
Entonces volveré.

Significativa la inscripción en el afiche luego de salir de la ex ESMA: éste espíritu es el mismo espíritu que se encargó de cerrar los circuitos para que circulen los indiferentes electrones por los cuerpos cautivos del horror de la picana…

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