Santa María pizza

Un clásico. Hace cuantos años soy habitué de esa pizzería de Chacarita no lo sé, pero los que andan por la cuarentena como yo recordarán los neones verdes en forma de rombos que secuenciaban por fuera ida y vuelta de un punto al otro del local. Y ya en ese entonces era habitué. Más cerca, durante años, cené los martes unas porciones al corte luego de los ensayos con el dúo “Camino al mar”, y desde hace seis comparto ese entrañable ámbito con Paula, mi mujer.
En sus mesas y en solitario, acompañado de una chica calabria y una botella de moscato, he leído Moby Dick, de Melville; Crónicas marcianas y El hombre ilustrado, de Bradbury; El Aleph, Ficciones, Otras Inquisiciones, Prólogos y demás, de Borges; Más allá del tiempo y El amor y la soledad, de Krishnamurti; Solaris, de Lem; 2001, Cita con Rama y demás, de Clarke; y Sagan, Wilde, San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Avila, La Biblia, Nietzche, la Filocalia, Baghwan Rajneesh, etc. También he escito música a bordo de sus mesas y he escrito poesías y boludeces amorfas varias. Y he hecho fotos, muchas fotos, miles.
Estas fotos fueron hechas hace exactamente una semana, en la habitual salida pizzera de los jueves y/o viernes.
Para los que nunca fueron, recomiendo la fugazeta rellena, la calabresa y la de verdura con salsa blanca y provolone.
Muchos mozos que tengo en la memoria ya no están, ni sus pasados dueños, pero entre los habitué están siempre los habitués de siempre, con algunas excepciones que la muerte se ha encargado de borrar…

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