Mar del Plata bajo la lluvia

Llovía, fué al otro día de ver el documental de Herzog en la noche de la niebla. Llovía… en un lugar feliz la lluvia es casi como ese eterno paraíso del que nos hablan las escrituras, se detienen los pensamientos, uno se desnuda y, como un niño, es libre, acurrucado junto al amor al lado de la estufa mientras la pava silba y los mates son amargos. Tarde de luvia en Mar del Plata. Primero intentamos subirnos a un bondi para ir a La Serena a ver a Diego, pero unos minutos antes del faro el chubasco desató toda su furia. Bajamos en la Serena y diez minutos después, bajo un aguacero interminable, nos volvimos al centro en el bondi contrario y a Diego lo dejamos para otro día. Entonces compramos el diario, nos metimos en el depto, nos bañamos, nos desnudamos e hicimos mates, mirando a la lluvia caer sobre el mar, sobre la playa, sobre la avenida costanera y sobre el casino de La Feliz.
¿Que es lo que le hace la lluvia a mi triste corazón para que logre renacer mientras dura su bautismo?
Hoy veo las fotos y logro todavía -a casi un año- sentir eso que sentí viendo Mar del Plata bajo la lluvia desde el ventanal del nido transitorio.

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