Un ejemplo de “free art”

Muchas veces, asombrado por el mercantilismo despiadado y vanamente superficial en el cual ha caído el arte en las últimas décadas, me pregunto si no habría que volver al concepto de autor que manejaban en la antigua India los sacerdotes del templo, ya un par de milenios antes de la llegada de Jesucristo; concepto que, en su necesidad de religar a una creciente e innumerable plebe, exigía, entre otras diatribas, que nadie osara firmar las obras de arte, ya que el autor, intemporal y eterno, era uno solo y siempre el mismo, ejecutando pacientemente su destreza a través de las eras y de los eones multiplicado en los incontables brazos y piernas y en las voces y en los colores y en el baile y en las palabras de una miríada de servidores innecesarios: Brahman el grande, Brahman el expansivo, Brahman el indomable, el absoluto, el innombrable (Brahman es el nombre que se pronuncia en reemplazo del nombre verdadero, y que sólo los iniciados conocen; nombre que, en su sincretud, es llave, liberación, anatema y sacrificio instantáneo para el traidor a la fe)…
No pretendo sumar acólitos para este antiguo y tristemente superado concepto, pero entiendo que su implementación, en su gratuidad implícita, lograría una feliz depuración de tanto “arte” que anda por ahí dando vueltas por los innumerables medios de expresión fatigando los cinco sentidos hasta el hartazgo, y sin otro objetivo ulterior que el de llenar las propias arcas de toneladas de vil metal.
Y todo esto viene por algo que me sucedió hace 15 días: una tarde me fuí desde casa, incapaz de concentrarme, a la pizzería Santa María, en Chacarita, a terminar de preparar el examen de comunicación oral y escrita; fue justo el viernes anterior, es decir, la víspera del examen. Estuve allí desde las 18:30hs hasta la hora de cierre. En un momento -ya había llegado mi chica, bien pasadas las 21hs- se acerca un señor mayor, con su esposa a su lado, y me dice: -disculpe la molestia, joven, pero me tomé el atrevimiento de dibujarlo-
Y me entrega el dibujo que posteo a continuación, delineado en una simple servilleta.
El asombro sólo me permitió un ¡woooow!, ¡gracias!, pero ya se estaba llendo, a su lado su musa, y tan velozmente que no me dió el tiempo necesario para decirle lo maravilloso y entrañable de su acto, la bella gratuidad con la cual actuó… un ejemplo envidiable de “free art”, contemporáneo, y porqué no, también Brahmánico; un ejemplo de lo que es la necesidad de hacer arte por el arte, por expresar, por ser. Y un ejemplo, también y especialmente, para las nuevas generaciones, a veces tan ansiosas de acumular, en metálico y en exposición mediática, el producto de su prematura y no tan transpirada inspiración…

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