Lunes, frío, bicicleta & helado en Monte Olivia

Lo más parecido a un lunes es como caer en un agujero negro improductivo, condicionante y pre-suicida, con un peso específico de mil millones de toneladas de bajón por centímetro cúbico de partículas sub-atómicas de materia gris convertidas en puré gracias a la gravedad casi infinita, y en donde todo es demasiado y duele por demás, y de donde nada, pero nada ni nadie, puede escapar… ni siquiera el recuerdo de Dios y de la luz.
Por eso, un lunes por la noche -como hoy- decidir subirnos a las bicis e ir pedaleando hasta Monte Olivia, en Villa Devoto, para comer un cuartito de helado con un frío demencial, es hacerle pito catalán a la muerte, es cagarnos de risa en el parlante de la radio, en las cacerolas bobas, en la pavada del dólar y en sus mil versiones de color… es encontrar, maravillosamente, el modo de acelerar a fondo blanco hasta una velocidad de escape tan, pero tan fuerte, poderosa y veloz, que estallamos hacia la libertad como el champagne seco y maduro y ¡chau agujero negro!… si la vida es lo que chillan los periodistas en la radio y lo que dice mi mamá y tu mamá, eso quiere decir que hay otra vida. Basta con salir a pedalear. Y que el planeta lo arreglen los abducidos de siempre.

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