Muestra fotográfica en Villa Pineral

Dicen que todo llega, y yo agregaría que lo que llega sorprende cuando no se busca. Mi estudio de la fotografía data de un par de décadas atrás cuando un curso inicial con el fotógrafo Martín Marco me brindó las herramientas esenciales para lograr el manejo de la luz y un mínimo de encuadre. Terminado el curso, la conjunción de un telescopio refractor, la pasión por la astronomía y la necesidad de registrar lo que se percibe a través de los eones me entrenó inevitablemente en las largas exposiciones, la pérdida exponencial de sensibilidad de la película pasado el segundo de exposición y el problema del imparable movimiento planetario, tanto más veloz el giro cuanto más profundo se espía por los abismos del cosmos. Y luego el aprendizaje intuitivo cámara en mano sin más doctrina que el azar y el ejercicio de la prueba y el error. Unos años después, el bolsillo agobiado por el gasto excesivo en rollos y copias y, tal vez principalmente, la pérdida del rumbo en la búsqueda de un discurso personal en la imagen, bastaron para optar por regalar todo el equipo sin más dudas que un leve parpadeo. Y chau fotos. Tomó entonces la posta del primer plano la música: la guitarra y la voz, primero; el bajo y el piano, después; y así me fuí alejando de la fotografía lenta e irremediablemente sin querer extrañarla demasiado hasta que en el año 2006 conocí a Paula Burd, mi actual mujer, que entre otras muchas cosas maravillosas, es también fotógrafa. Y de las que se precian.
Al año de conocernos me regaló mi primer cámara digital y me introdujo en los elementales rudimentos de la PC, y luego, buscando y experimentando por el lado de la música grabada y la imagen llegué finalmente al photoshop, y cambié de cámara por una superior, y salí a buscar otra vez, y hace ya tres o cuatro años que no puedo parar de hacer fotos… tal vez esa libertad que conseguí -y que no logro con la música porque es mi laburo y es también mi exigencia- se lo deba a ella, a mi esposa, digo, ya que lo más importante de su mirada artística naturalmente me inseminó por todos los poros, y básicamente consiste en el pleno ejercicio de la libertad por sobre todas las metas, reglas y exigencias. Hacer las fotos que sean, del modo que sea, bien o mal, muchas o pocas, pero con pasión y entrega. ¿La técnica?, una herramienta que se puede soslayar sin tener que pedir clemencia. ¿El objetivo?, plasmar la vida, mi vida, en unas tomas que atestiguen que por acá pasé, respirando a veces sin aliento mientras voy caminando rumbo a la tumba, que es el destino de todos.
Entonces, y retomando, no esperaba el llamado de los chicos de la Sociedad de Fomento Villa Pineral ofreciéndome ese espacio para exponer mis primeras fotos. Y dije sí, por supuesto.
La muestra se inauguró el sabado pasado, el sabado 12 de Mayo, y fué, literalmente, un polvo. No sólo la gente se tomó el tiempo para contemplar la muestra e interactuar con el autor, sino que la comida, la poesía, el teatro de sombras, la guitarreada y los grupos que nos obligaron a bailar casi sin darnos cuenta superaron todas las expectativas. Por eso, ante todo, gracias. Y, para los que no pudieron venir, acá están las ocho fotos que expuse en el mismo orden de edición.

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