Insomnio

Está sucediendo ahora, 3:04 am del martes 27 de marzo del año 2012, acabo de prender la PC para escribir y también encencí una velita blanca. Diez minutos ha, en la cama, decidí salirme para dejar de molestar a mi chica luego de lograrlo con bastante éxito durante las últimas dos horas, tratando en vano de conciliar el sueño. Antes de ello cenamos y vimos una peli de Hitchcock, “La ventana indiscreta”. Buenísima, me gustó más que “Vértigo”, en especial la actuación de James Stewart, mucho más medida, más tranca, sin tanto grito. Y la escenografía, como una ópera, excelente… digamos, polifónica y teatral. Mientras tanto tomamos dos helados, dos Mega de Frigor… época de vacas flacas. Luego nos fuimos a la cama y yo tenía sueño, pero recordé que mañana viene Diego a grabar a las ocho de la mañana -hoy, en menos de cinco horas- y también viene Gina a cantar, a las once. Entonces me puse boca abajo y me abracé (suele resultar: me abrazo a mi mismo y mi propio cariño me da sueño), pero no resultó, peor aún, me dió una especie de ahogo, aunque el aire entraba bastante bien. Entonces encendí el velador -el hongo atómico, tengo un velador de los años sesenta que perteneció a mis padres y es un hongo atómico, está super- y abrí la Filocalia a la luz del hongo, en el capítulo de Teolepto de Filadelfia: “Discurso que expone la actividad oculta en Cristo”… una, dos, tres, cuatro páginas; oración monológica, razón, intelecto, cuerpo, genuflexión, abandono del recuerdo de los padres y amigos, abandono de todo placer carnal, abandono de todo placer, sea cual sea… pensé: “esto es demasiado para mi”, luego: “no tengo tanta fe”, después: “Dios me ignora”; cerré el libro, apagué el hongo y me dispuse a dormir boca arriba. Nada. Bueno, nada no, oscuridad total y esos brillitos que aparecen en ese ámbito minimal, como esos ruidos corporales internos que suenan en el más absoluto silencio. Oscuridad y silencio totales. El aire entrando en los pulmones y la sensación de no poder llenarlos por completo… nueva bocanada a fondo, no llego, otra más profundo, menos, estoy tenso como una barra de hierro del gimnasio, transpirando, exceso de oxígeno en el torrente sanguíneo, hasta se hace presente un leve mareo. Entonces me destapo pero a los diez minutos ya estoy temblando de frío. Me doy media vuelta, me tapo y me recuesto sobre el brazo izquierdo de espaldas a mi chica. Parece que viene el sueño, pero me pica una pierna. Me rasco y mientras vuelvo al boca arriba recuerdo que mañana tengo que cortar el pasto, ir al banco, llevar el ventilador a la casa de mis viejos, ir a la facu… y todo para, el miércoles, volver a empezar. Como Lerner. Pienso entonces que no me duermo porque mi excelencia en el logro del fracaso, es decir, mi fracasidad, amerita el castigo de no poder hacer nada bien. Ni siquiera puedo dormir, ésa es la prueba. ¿Hago algo bien?, ¿escribo bien?, ¿toco la guitarra bien?, ¿hago buenas fotos?, ¿canciones?, ¿letras?; ¿soy bueno haciendo el amor a mi chica?… estoy seguro de algo: cocino muy buenas pizzas. Y soy un gran bebedor de moscato, una especie de genio moscatel, pero eso es un vil vicio, la puta, soy bueno para esas cosas inútiles, los vicios, soy feliz siendo vicioso. Me gusta el porro y los cigarrillos con locura, el LSD, aunque ya no fumo ni cuelo… y el escabio es más importante para mí que la religión, bueno, a veces el escabio es más impor.. ¡Woow!¡que horror!¡un grito terriblemente tremendo de un gato moribundo que parece un bebé satanizado!… se me paran los pelitos del espinazo, parece “El Exorcista”… o le dieron un palazo en el lomo, o una patada en el culo o es una gata en celo, serruchando y sacudiendo desbocada como mil pistones al rojo en un perfecto y envidiable estado amoral. Aparece en un instante el recuerdo del Michaski -mi difunto gato asesinado por mi querido y respetable vecino militar-, mi querido Lord Michungui Michaski. Parece judío pero no, aunque fué esposo de setecientas gatas y amante de trescientas concubinas, como el Rey Salomón; y tuvo más de cien hijos, como la madre monja de Freddie Krueger, violada y asesinada por cien maníacos insistentemente y día tras día hasta parirlo al pobre de Fredd… pero esto, en realidad, estaba en otro plano, muy atrás, anterior. Nunca me voy a olvidar la cara de María -mi difunta perra- cuando enterrabamos al Michaski… bueno, en realidad lo enterraba yo y ella miraba, pero en fin, no es que eran grandes amigos, se soportaban, pero ella lo admiraba y, por supuesto, lo respetaba. María no murió asesinada, murió de un tumor en la cabeza. Asesinada por el mero hecho de estar, se podría decir. Ahora son las 4:24, estoy jodido frente a la compu tomando un te laxante de hojas de sen. Y me hice una foto para que vean la patética cara que tengo cuando no puedo dormir. Y mientras escribo estoy pensando al mismo tiempo que falta sólo un mes para los parciales de la universidad, que tengo que bajar cuatro kilos y también que se me pasa la vida y aún no he logrado hacerme rico y famoso. Y que si no me voy a dormir en cualquier momento me tocan el timbre o algo peor… me tocan El Timbre, jaja, suena re gay… pero me refiero a ese timbre que todos sabemos que va a sonar aunque no queremos ver la campana ni saber cómo suena. Tal vez es eso lo que me quita el sueño, El Maldito -¿bendito?- Timbre….. “This is the end, beautiful friend”

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