El santuario de Lourdes bajo la lluvia

Mientras esperaba que mi querida hermanita terminara su descargo con un sacerdote amigo, aproveché para, nuevamente, hacer algunas tomas en el santuario de Lourdes. En eso estaba cuando el cielo se volvió negro y dejó caer “las aguas de arriba” con una bella furia descontrolada, prefigurando el bendito y necesario otoño que se acerca inexorablemente. Luego, como siempre sucede en estos casos veraniegos, el sol volvió a asomar y me entraron unas ganas desesperadas de borrarme del mapa, escopetearme o subirme a un avión para mudarme a paraísos grises y helados como Islandia… en fin, en este instante nuevamente llueve a raudales y el sol se fué a dormir. Ojalá que dure.

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