El cementerio de Cachi en lo alto

Nos levantamos temprano en la mañana y desayunamos frente a la plaza, y desde allí caminamos hasta el cementerio que se encuentra subiendo por una callecita de ripio de aproximadamente un kilómetro de largo y que nace en un desvío del camino que enfila para Cachi adentro. Al mismo tiempo que subíamos comenzó a armarse en el cielo occidental una tremenda tormenta con negras y ciclópeas nubes amenazantes… conclusión: luz de mediodía con sol pleno en los primeros planos y fondos oscuros y nubes negrísimas en el infinito, situación ideal para saturar colores -sí, ya sé, yo me voy al carajo saturando colores, pero a mí me gusta así-. Ya he expresado en otra entrada acerca de la belleza de los cielos del norte argentino, el tremendo tamaño de las nubes, la increíble amplitud de la esfera superior… estas tomas son una buena muestra de ese cielo; y tal vez piensen que he subido demasiadas fotos de nubes y cielos, pero está bien, porque las nubes, entre tantas cosas, me emocionan hasta las lágrimas. Cachi me pareció un pueblito de ensueño, hermosamente criollo, logra mantener por ahora su identidad precolombina en casi todos sus aspectos: la comida, las calles, la música, su gente y sus costumbres, el color y la alegría en todo. Y el clima, ideal: de día soleado y fresco, y de noche a dormir con frazadas…

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