Cinco fotos de Flores

Luego de una noche descansada y con el ánimo más recuperado, me fuí a caminar por Flores. Me tomé el 53 hasta Nazca y Avellaneda, bajé, caminé hasta Bolivia y desde allí me fuí pateando, por Yerbal, hasta el parque Rivadavia, en donde compré “La máquina del tiempo” de Wells por doce mangos. La verdad es que Flores nunca me gustó demasiado, pero ahora está mucho peor: no tiene lindos bares, no hay pizzerías antológicas, mucho ruido, un tránsito demencial, mucho negocio de pilcha tipo barrio del Once pero rodeado de una geografía arquitectónica -a diferencia del Once- de clase media reventada que no da ni para el cuarto de foto. Y encima está lleno de putas, lo cual no es problema, el problema es que como hay tantas putas está lleno de canas.
Huyendo de los uniformados como de la peste y escuchando al viejo Lou Reed pude recuperar el sabor de la aventura al encontrar un sendero al margen de las vías del Sarmiento y patear por ahí, solo, durante casi una hora. Y eso fué todo.
Luego de comprar el libro me tomé el 181 en Rivadavia y Acoyte y me volví a Caseros.

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