Puerto Madero desde la reserva ecológica

“Como demoníacos baobabs”… así ví y sentí desde la reserva ecológica a los gigantescos edificios que brotan en Puerto Madero como monolitos negros escapados de perennes e irrepetibles subversiones del T.M.A-1 y que parecen estar a la espera del momento exacto para cerrar sus circuitos y abrir sus extrañas bocas-cajas-troyanas de pandora, y entonces…… ¿tragarnos?¿escupirnos?¿violarnos?¿chuparnos cual singularidades alienígenas de las que nada escapa y rumiarnos para luego vomitarnos en otro tiempo y espacio?¿o simplemente para sembrar la totalidad de la superficie porteña con maquinarias de exterminio sin capacidad de gozo ni piedad?; cierro los ojos y ya veo la escena: gente chillando patéticamente con bandoneones enroscados en el cuello al compás del dos por cuatro en una escena ególatra, culposa, merecida, irreversiblemente idiota y tristemente degradada por la siempre prostituída inhumanidad consumista…
El domingo -ayer- nos levantamos tarde. Mucho alcohol el sábado, mucha comida, mucho de todo y mi chica con ganas de reserva ecológica. Fuimos. Tren San Martín hasta Retiro, el once a pata pasando por Buquebus y a la izquierda finalmente la reserva al caer el sol… y lo antedicho, salvo un detalle: yo no conocía la reserva ecológica y nunca imaginé que a metros del infierno te podés encontrar a Dios tomando mates en bermudas y chancletas mientras arma uno y ve pasar los buques cargados hacia el puerto con toneladas de cajas multicolor, mientras te cagan cien pájaros distintos en la cabeza, mientras el aire puro te cura los sesos y te sosiega el alma, mientras te olvidas que vivís en una ciudad que, luego de 42 años, aún guarda gratas sorpresas… ¡Y estás ahí de Guerrín y las Cuartetas!
Buenos Aires, mi amada -y odiada- Buenos Aires, tan extraña como la Buenos Aires del Eternauta y sin embargo está acá nomás, a media hora de tren… ¿No es como un sueño?

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