El poder corruptor de la naturaleza

Vivimos toda la vida dentro de un cuerpo… somos, de algún extraño modo, “en” el cuerpo, o “con” él.
Caminamos con el cuerpo, comemos con el cuerpo, hablamos y cantamos con el cuerpo, respiramos con él.
Nos reproducimos porque tenemos un cuerpo.
Pero entonces sucede que alguien muestra una teta… ¡caos!
El asunto merece la atención en proporción al miedo que provoca.
Mucho miedo… los pibes, nuestros hijos, fueron amamantados… ¡con que gusto e inocencia amamanta una criatura!, pero ver una teta cuando dejan la edad de amamantar los puede pervertir… hay un poder, parece, el “poder corruptor de la teta visualizada”
El principio, para mí, y que quede claro que no quiero ofender a nadie,
es el mismo por el cual los juguetes de los chicos tienen orejas, ojos, piernas, pelo, boca y dedos,
pero nunca sexo.
Como si a los seres humanos nos hubiera traído una cigüeña… o hubiésemos crecido de un repollo.
Significativa la negación.

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