Militancia atrincherada

No sólo están en la Escuela de Defensa Nacional y en la Escuela Nacional de Náutica, no. Están por todos lados: yo vi a dos -masculinos- cavando una trinchera a media cuadra de mi casa, en la plaza de Villa Pineral. Llevaban casco y antiaérea, y en un bolsito, una lunchera con dos sanguches de salame y queso. Observé que si les entraba la sed, tomaban agua directo de la alcantarilla, sin vueltas, como el Che.
Vi otro -femenino- parapetado detrás de un gran cartel de Johnny Allon, en un costado de la avenida General Paz camino a Liniers. Intentaba camuflarse con espesas ramas de nogal que le cubrían el cuerpo, y un nido de hornero, con bicho y todo, coronaba su cabeza. Yo pasé caminando y lo miré desde abajo: para disimular imitó el sonido del viento y agitó, como pudo, la enramada.
Encontré otro -masculino también- en el baño del McDonalds de Villa Devoto: entré a mear, lo vi ahí acurrucado en un rincón y, sintiéndose descubierto, me hizo un gesto de “por favor, shhh, no me delates”. Luego, lagrimeando, me confesó que su novia, también militante, estaba atrincherada en el baño de damas. Me dio tanta lástima ese pobre pibe que salí, le compré un Big Mac, y se lo llevé al baño. Me quedé con él mientras comía. Le pregunté si estaba armado: “no”, me respondió, “aparte de ser peroncho milito por el frente ghandista indio para la instauración de la no violencia”. Me quedé un rato y después me fuí… parece que la hamburguesa mucho no le gustó, porque cuando salía me dijo: “gracias por el morfi, es mejor comer esta mierda que cuecen en la corpo que cagarse muriendo de hambre soñando con un puto choripán que nunca llega”…

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