Un compromiso con el eterno retorno

Recuerdo que corría el año 1998, final del gobierno de Menem. Yo era ferretero. La gente entraba a comprar un cuerito para canilla que durante meses costaba 15 centavos, sin aumentos, sin inflación. Me preguntaban: “¿cuanto vale un cuerito para canilla?”; y yo: “quince centavos”.
“Ah”, me contestaban; buscaban las moneditas en el bolsillo, contaban y luego: “bueno, gracias”.
Se daban media vuelta y se iban… sin comprar el cuerito.
Ni hablar de vender una amoladora o una máquina de cortar el pasto: ciencia ficción.
Pero NO HABÍA INFLACIÓN.
Todos estábamos cagados de hambre, desamparados, asustados por tanta miseria, pero NO HABÍA INFLACIÓN.
Ahora estamos en 2016, y el presidente asegura que su mayor compromiso es, ante todos y contra todo, bajar la inflación.
Todavía no aprendimos que los índices no alimentan ni cotizan en la bolsa.

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