Cebolla

Recuerdo que iba a la escuela primaria Nº 45, en Caseros. Tenía una maestra, Amalia Chiesa. Tomaba mates, usaba poncho y era lesbiana. Muchos años después de haber egresado alguien me contó que la habían descubierto manoteando a otra profesora dentro del baño. A las chicas las trataba bien, pero gozaba maltratando, verbal y psicológicamente, a algunos de nosotros… un poco porque no estábamos entre los más destacados, y otro poco por “androfobia”… repulsión por los hombres.
Fue una época muy angustiante para mí. Yo llegaba a la escuela arrastrando toneladas de pesadumbre. Tanto la escuela como mi casa eran un campo de batalla. Combatir y resistir, mantener vivo el pellejo. Cumplir con todos los preceptos familiares me obligaba a renunciar a lo que más me gustaba… la música, la calle, la libertad. En mi mochila traía colgados a mis padres y a todos sus valores de clase media, que no dudaban en imponer por la fuerza. Me sentía como una cebolla… capas y más capas de miedos, tristeza y frustración. Y cólera.
Un día la maestra nos preguntó que íbamos a estudiar en la escuela secundaria. Cuando me tocó mi turno le dije:
-”yo quiero ir a la escuela técnica y ser técnico en electrónica”-.
Entonces largó una carcajada, una gran carcajada enérgica e irónica. Luego agregó:
-”a barrer vas a ir vos a la escuela técnica”-…
En otra ocasión se organizó un sorteo para recaudar fondos. Yo devolví una rifa que no había logrado vender, y ella la extravió. A los dos días me acusó de ladrón, de haber vendido la rifa y quedarme con el efectivo. Estuvo acusándome a los gritos unos diez minutos frente a toda la clase hasta que un compañero le dijo: -“maestra, yo recuerdo que él se la devolvió, yo lo vi, estaba justo a mi lado”-. Se puso más furiosa aún, especialmente porque él no era de los “más brillantes”. Luego me miró y me dijo:
-“no sé si la devolviste, pero no tengo dudas, por tu oscura personalidad, que podrías llegar a ser un ladrón”-
Otras veces, por indisciplina, me encerraba en el baño. Entonces yo me quedaba ahí, media hora o más, y mientras ella daba su clase yo olía los urinarios. Lo más humillante eran mis compañeros… algunos pedían ir al baño para verme encerrado dentro y burlarse. Me dejaba confinado hasta el recreo, entonces entraban todos y yo estaba ahí, esperando como Caín entre el miasma ofensivo de los orines.
Pasaron los años. Egresé de la escuela primaria en 1980, casi al mismo tiempo que terminaba la dictadura militar. Me recibí de técnico en electrónica en 1986. Me costó muchísimo: en segundo año me expulsaron y en tercer año me llevé todas las materias, exceptuando música y gimnasia. Nunca repetí.
De ella hoy no sé nada, y tampoco me importa. Algunas de mis ex-compañeras de grado la tienen de amiga en facebook.
Si la veo caminando por la calle, me cruzo a la otra vereda.
Era una maestra sin amor, una mujer atormentada.
Ésa es la verdad.

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