Moscateando en Burgio con Papá Noel

Caminaba por avenida Cabildo, rumbo a Pacífico. En la esquina de Cabildo y Juramento me interceptó un Papá Noel muy gordo y viejo; llevaba una larga barba blanca de krilón y sobre su mirada oscilaban un par de desvencijados lentes marrones arreglados con poxilina. Lo enfundaba un desmesurado traje rojo y blanco tachonado con redondos botones de plástico dorado; un gorro frigio calzaba en su cabeza, botas negras en sus pies y una gran bolsa llena de gaseosas colgaba de su mano derecha. En el bolsillito del corazón asomaba un paquete de cigarros Camel.
Papá Noel se me acercó, me dio una botellita de Coca-cola y, con aliento alcohólico, me susurró arrastrando las palabras:
-Compartí lo mejor de vos.
Retrocedí unos centímetros para alejar el vaho y le contesté:
-Supongo, Santa, que esta gaseosa es lo mejor de vos que me podes compartir a mi.
-Ponele, me dijo.
-Santa, me apresuré a decir porque el gordo ya perdía interés, -y que hago con lo peor de mi?
-Metételo en el orto, me contestó.
Me puse a reír mientras el viejo me daba la espalda y le entregaba una gaseosa a una niña muy rubia y muy sonriente. Me le acerqué, le devolví la coca y le dije:
-Tomá, viejo, gracias, pero yo no tomo esta mierda. Suerte y feliz navidad.
Me di la vuelta sin esperar respuesta y empecé a caminar, entonces Papa Noel me gritó:
-¡Pará, loco!, ¡esperá, che… no te vayas!
Se me acercó corriendo con pasitos muy cortos y me preguntó:
-¿Que tomás vos?, ¿eh?, ¿que te gusta tomar a vos?
-¿A mi?… me gusta el moscato, Santa, bien frío.
-¡Uuuu!- al viejo se le iluminó la cara -¡vamos al bar!.
-No, viejo- le dije -no tengo una moneda.
-No importa, sonrió, -yo te invito.
Fuimos a Burgio. Nos sentamos en una mesa cerca de la barra. Papá Noel se sacó el gorro frigio y se desató la barba, que dejó sobre la mesa. Pidió un litro de moscato Crotta y una porción de fugazetta rellena para cada uno. Comimos las porciones y, luego de vaciar dos vasos, empezó a hablar:
-Reparto cacas –dijo exactamente eso: “cacas”- para los pibes de los ricos; vienen por la vereda hablando las pelotudeces que aprendieron en la televisión, les doy una mierda de éstas y ya está. Me garpan por día, por repartir este veneno, ciento cincuenta mangos diarios. Pero nunca tengo con quién sentarme a chupar algo de verdad.
-¿Y de que laburás cuando no es Navidad, Santa?
-Santa una mierda, me llamo Jorge -me dijo- y hace años que no laburo porque acabo de salir de la prisión.
Terminamos la botella y Jorge pidió otra. Al revés que la mayoría, a medida que vaciaba los vasos parecía estar cada vez más consciente. Le pregunté donde había estado guardado.
-En varios lados -me dijo- mucho traslado… Ezeiza, Magdalena, Devoto, Marcos Paz.
-¿Muchos años?
-Trece
-¿Que hiciste?
-Maté a mi mujer y a mi suegra.
-¿Por?
-¡Por hijas de puta!, ¿porqué mierda va a ser?
Se acercó una pibita para sacarse una foto. El viejo la agarró, se la sentó encima y así, sin el gorro y sin la barba, la madre les hizo la foto. Cuando la nena se iba Santa le dio la botellita y le dijo la cantinela: “Compartí lo mejor de vos”…
-Si no lo digo no me garpan… estos hijos de puta capitalistas envenenan a la gente con estos jugos podridos y encima les llenan las cabezas de mierdas que no dicen absolutamente nada: “destapá la felicidad”, “es sentir de verdad”, “tomá lo bueno”… todo mierda vacía, sin sustancia, sin olor, mierda que no sirve ni para mierda, mierda inocua. Y ahora están con el “compartí lo mejor de vos”… ¿que carajos significa “compartí lo mejor de vos”? ¡que seas un falso de mierda!, ¡que te reprimas!, ¡que escondas tu verdadera naturaleza animal detrás de una fachada reluciente como una marquesina de colores o como un par de tetas de vinilo en la pechera de una puta de la televisión!…
Me gustaba este santa. Lo hacía. Todos lo hacemos. Pero él lo hacía por supervivencia, y mientras lo hacía era consciente de que lo hacía flotando en un mar de mierda hipócrita.
-Mi mujer igual -le dije-, labura en un colegio y hay días que se quiere matar. Los pibes siempre tienen la culpa de todo. Año tras año mueren millones de personas en guerras de mierda pero la culpa de toda la violencia la tienen los pibes. Un didacta dijo, para resumir un tomo de mil páginas, que el sistema educativo es un curso de doce años que está pensado para convertir a los pibes en esclavos. Salen a los dieciocho y el noventa por ciento ya está muerto.
-Y el otro diez por ciento termina en cana, o se hace alcohólico, o se suicida.
-O todo junto.
-Sí, claro.
Se acercó un papá con un nene de unos tres años. Le pidió a Santa que se pusiera el gorro y la barba para hacerle una foto con el pibe. El Santa lo miró con un odio infinito, pero accedió. El tipo le hizo la foto y luego le pidió la gaseosa.
-¿La gaseosa es para vos?, le preguntó Santa al tipo.
-No, para el nene.
-En fin, tomá: es tu hijo.
Le acercó la gaseosa y el tipo se fue. Ni gracias le dijo.
-Amor le llaman a eso, engañar al pibe con una fantasía de cagada y darle de tomar veneno… ¿y vos, de que laburás?
-Doy clases de guitarra.
-Y con tu mujer te llevás bien?
-Si.
-¿Y con tu suegra?
-También.
-A mi me cagaron. Yo laburaba en la Peugeot, ponía puertas en la línea de montaje. Diez, doce, hasta catorce horas diarias poniendo puertas. La espalda y los pies a la miseria. Veinte años sin faltar una vez. Pero un día me corté una falange, llegué temprano a casa y encontré a mi mujer y a mi suegra enfiestadas las dos con un tipo. En mi cama. Ahí nomás agarré el 38′ y le volé la cabeza a las dos, delante del tipo. Del susto, se cagó y se meó encima. Antes de dejarlo ir lo obligué a que se tome un whisky conmigo, los dos sentados en la cama al lado de los cadáveres y de las bombachas y de las manchas de sangre y de los pedazos de masa encefálica desparramados por todos lados. Hace poco me enteré que quedó chapa. Está en el Moyano, internado; uno de estos días lo voy a ir a visitar.
-Andá disfrazado de Papá Noel.
-Jaaaajaja!, ¡si!
-Y llevále una coca.
-Jaajajajaaaa!! ¡siii!
-“Destapá la felicidad”, le podés decir mientras te sacás la barba y el gorro.
-Sí… o “Sentí el sabor de vivir”…
Nos reímos nuestras risas de borracho. De a poco fuimos terminando la botella, en silencio, viendo pasar la gente por la vereda, gente arrastrando a sus pibes y a sus flamantes arbolitos de navidad, gente apresurada, muy seria y perfectamente aseada, yendo hacia ningún lado. El cielo se fue poniendo gris, los autos pasaron por la avenida quemando petróleo, echando su humo, haciendo su ruido ensordecedor. Entonces pensé que Papá Noel, éste Papá Noel, tal vez no tendría con quién pasar la Navidad.
-Jorge… ¿con quién pasás la Navidad?
-Solo, ¿con quién mierda la voy a pasar?
-¿Querés venir a casa?, seguro amaso unas pizzas, y moscato nunca falta.
-¿Donde vivís?
-En Caseros.
-¿Y tu mujer? ¿que va a decir?
-Nada, Santa.
-¡Santa una mierda!
-Jajaja, ok, Jorge… ¿venís?
-Bueno, voy.
Le escribí la dirección en una servilleta y le expliqué como viajar. Santa pagó la cuenta, se puso el gorro y la barba y salimos a la vereda. Nos dimos un abrazo. Yo enfilé para Pacífico y Santa para la esquina de Cabildo y Monroe. Se fue para la esquina para poder seguir ganando ciento cincuenta mangos al día diciendo su cantinela vacía de contenido y regalando sus venenos envasados a los pibitos que pasaban por ahí.

Comentarios

Moscateando en Burgio con Papá Noel — 2 comentarios

  1. si santa fuera asi seria ma$ adorable…ese gordo panzon es detestab)e..buen relato navi!deño..luego te mando uno. se titula con la caca hasta el cuello,,,jajaja