La radio y el muerto

Algunos programas de radio adolecen de “Cristinismo en negativo”. Quiero decir que, cuando uno les presta oídos día tras día, cae en la cuenta que el libreto es sólo uno: defenestar al gobierno contra viento y marea. Si ponen un tango, ponen “Cambalache” y defenestan al gobierno. Si hablan de Hitler, lo comparan con Cristina y defenestan al gobierno. Si hablan de comidas, hablan del “choripán”, y defenestan al gobierno. De este modo subsisten porque subsiste el gobierno. Y no me malinterpreten, Cristina no me gusta mucho, y menos el peronismo, fuerza política tristemente camaleónica que va desde el Padre Mujica hasta la AAA. Y me mando este preámbulo para contar que acabo de enganchar “Esto que pasa”, en radio Mitre, el programa que, otrora, era del penosamente fallecido Pepe Eliaschev. Yo a Pepe lo escuchaba, digamos, unos dos días a la semana. No lo escuchaba porque me gustaba lo que decía, al contrario, el tipo me parecía de lo más repugnante; lo escuchaba porque me maravillaba cómo alguien puede construir un discurso simplemente por estar, meramente, en oposición “al otro”, en este caso, el gobierno.
Pepe está muerto. En su lugar pusieron a otro tipo -reconozco no saber ni como se llama, pero es una especie de Pepe degradado-, y lo increíble es que, luego de escuchar la emisión unos quince minutos caí en la cuenta de que Pepe era ¿como decirlo?, un títere, una marioneta, una especie de Golem (pregunten a un judío que es un Golem) construido con la materia inanimada de un laboratorio que tiene sus principales hornos alquímicos en las fauces del miedo. El miedo es una herramienta, y Pepe -yo creía entonces- lo manejaba con maestría. Pero… ¡NO ERA PEPE, NO!
Pepe ya no está, y da lo mismo: uno escucha el programa y ni siquiera lo extraña: el miedo, o su generación, está in-tac-to.
Maravillosamente horroroso, puro y perfecto… “como una bala de plata directo al cerebro” -Kurtz dixit-

Comentarios

La radio y el muerto — 5 comentarios

  1. si, si, artistas también, profesores, también; científicos, también… no se salva nadie: cualquier profesión ennoblece, pero viene la mentira por atrás y se va poniendo todo oscurito…