Antes del combate

No voy a regresar.
Voy a quedarme acá solo aunque me vengan a buscar: no iré.
No creo en mis derechos… al mejor postor están ellos en venta desde que la primera vez que vi la luz, y nunca participé de esa transacción.
Sólo confío en Dios… y en mi suerte.
Al principio las señales eran vagas… la técnica, la profanación del cuerpo, las marcas del consumo.
Más tarde todo se volvió confuso, indiferente e invertido.
Y hostil.
No voy a regresar, no soy parte, no seré marcado.
Y estoy preparado: no les será fácil arrancarme de mi cubil.
La espada está abierta frente a la puerta y el salmo ocupa mi mente como un mantra libertario.
Una cruz de madera labrada por mi padre los recibirá.
He abandonado todos mis lastres esperando esta tormenta y esta noche.
Y tengo miedo.
Fuera, la naturaleza gime sus dolores de parto mientras espera mi combate.
No abriré la puerta, aunque imploren con la voz exacta de mi madre, no abriré.
¿Estoy solo? ¿Soy el único? ¿Cuántos, ahora, como yo?
Estoy listo, en mi no encontrarán nada suyo.
Ya vienen.

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