Semifinal

-El peso es abrumador- dijo Jorge, -a veces creo que valdría más no haber nacido-.
Estaban sentados en la plaza de Caseros, muy cerca del bosquecito de bustos patrios. Jorge era carnicero, tenía cuarenta años y estaba casado con una mujer más joven y muy bonita que, nuevamente, acababa de serle infiel. Alejo vivía solo, estaba separado… era una especie de alma desterrada que picoteaba donde podía y arremetía con lo que podía. Él nunca tenía guita y andaba casi siempre sucio, tocaba la guitarra y empinaba el trago, eso lo hacía bien, le gustaba emborracharse hasta perder el sentido. Jorge odiaba su trabajo, maldecía al cortar carne, se ensañaba con la sangre; y el frío de las heladeras vibraba en su ánimo con una extraña simpatía.
-Quisiera asesinarla, tener ese poder. Asesinarla y luego carnearla. Guardar todos los pedazos en el freezer… y asar las piernas, guisar las glándulas, filetearla como un pez… guardar las partes congeladas muy bien catalogadas para ir devorándola poco a poco. Hasta podría hacer un jamón, un gran jamón rosado y tierno con esas nalgas de puta que tiene.
Era un día patrio, 9 de Julio. Exceptuando a las palomas, todo parecía teñido por esa jaculatoria patriotera color cielo. Unos adictos a los aplausos del discurso acababan de instalar un nuevo busto del General San Martín en medio de la plaza, y tocaron el himno y todo. Era aburrido ese mediodía de miércoles feriado, todo era aburrido, las palomas, el frío, hasta ser un cornudo lo era.
-Cuando Clara lo hizo con el turco -dijo Alejo- le di de puños en las tetas hasta que de tanto magullarla se quebró, moqueaba e imploraba por el perdón, pero no le sirvió de nada. Le dí tantas trompadas que hasta se meó encima. Luego se fue… no podía caminar casi, pero la empujé a la calle. Así ni el turco la quería.
-Nunca entendí porqué no la mataste.
-Hubiera querido violarla, agarrarla con tres o cuatro tipos y darle masa hasta volverla como un muñeco mudo.
Pasó un tren rumbo a San Miguel. En las ventanillas flameaban las banderas argentinas. A la tarde jugaba la selección nacional, semifinales. Los dos hombres se levantaron en silencio y cruzaron las vías por el puente peatonal hasta el bar “La facultad”. Ahí se sentaron y tomaron un vino pendenciero. Tomaron dos, tres. Siguieron hablando de lo putas que eran sus mujeres y de porqué no las mataban. Hablaron palabras que olían a alcohol y que flotaban entre el humo de los cigarros y planeaban delante de las imágenes del mundial en la televisión encendida, y entonces llegaron a la conclusión de que matarlas o no matarlas era sólo una decisión, igual que salir a comprar el pan o fumarse otro pucho. Luego pagaron la cuenta y se fueron caminando diez cuadras hasta la casa de Jorge, a esperar el partido.
Cuando entraban se cruzaron con Ana, la mujer de Jorge.
-Hola, puta- dijo Jorge,
-Hola, cornudo- le respondió.
Entonces Jorge, ciego por la humillación, se le abalanzó, y atrás corrió Alejo. La agarraron del cuello y de las piernas, y así la arrastraron hasta la cocina. Ana blasfemaba como una serpiente y pataleaba como una cabra:
-¡Hijos de puta, cornudos hijos de puta! ¡¿que hacen?! ¡los voy a denunciar! ¡mierda! ¡impotentes de mierda!
Era muy difícil mantenerla quieta, menos callada. Alejo le metió un gancho con la derecha debajo de la mandíbula y entonces ella giró los ojos hasta el blanco. Jorge alcanzó la cuchilla y no esperó a que despertara: el primer puntazo le cortó la arteria del cuello y al minuto ya estaba bien muerta. Luego la llevaron a la bañera y la carnearon, separaron los brazos, las piernas, la cabeza. Jorge arremetió con el torso y dos horas más tarde ya tenían todo fileteado y bien limpio, las visceras y los huesos embolsados y listos para el arroyo. Jorge dejó un muslo entero con hueso y todo, para hacer el jamón.
Bajaron las partes al freezer del sótano, guardaron las bolsas en la camioneta, regresaron a la casa y se asearon. Luego Alejo encendió la TV.
-Empieza el partido- dijo
Jorge abrió dos cervezas, trajo un poco de queso y mortadela en una tablita y se sentaron a ver la semifinal: Argentina-Holanda.

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