El destino infernal de Sasha Grey

Desde el principio he soñado con tener a mi lado una hembra como Sasha Grey.
Como ustedes saben, desde mi expulsión de lo alto mi única ocupación ha sido extraviar a los hombres, hundirlos en la miseria, ahogarlos en el vicio para lograr finalmente arrancarles el alma mediante algún vil y astuto engaño.
Y Sasha ha sido mi mejor inversión.
Entré en ella cuando cumplió los dieciseis; un padrastro acosador y una madre ausente crearon la condición necesaria.
En la desdicha y en la soledad caen todas las barreras… Sasha no fue la excepción.
Deberían experimentarlo… estar acurrucado en el interior caliente y húmedo de una bella y joven criatura como ella, tan inocente y tan potencialmente malsana; es tan fácil para mí oscurecer esos débiles y femeniles brillos fatuos.
Dos años más tarde hice que entrara al set y filmara con Rocco… éste se sintió perturbado cuando la frágil Sasha le pidió un puñetazo directo al estómago mientras le practicaba su fellatio demencial marca registrada.
Desde aquí y en adelante, tras cientos de películas, llegaron la fama y los millones -es lo primero que le otorgo a mis víctimas, lo tengo permitido-, y a la vez que la blanca piel de Sasha Grey ascendía en la popularidad de los medios especializados, su interior se desbarrancaba como una espiral descendente rumbo a la disolución espiritual.
Al mismo tiempo -todo fue muy rápido en la vida de esta niña- llegaron las drogas, las prácticas sexuales escatológicas, la violencia, la polisexualidad y la encarnecida burla hacia todo lo que se entiende por sagrado -quiero aclarar que no tengo especial empeño en que mis víctimas enfrenten a mi antiguo patrón, pero todas ellas terminan blasfemando del amor… es casi matemático-.
Una noche, luego de horas y horas de excesos liminares junto a sus insaciables amigos, se cortó la carne, juntó su sangre en un jarrón y junto a una vela negra de rodillas me invocó.
No sólo renunció a su alma, sino que hasta sintió algo parecido a la dicha por la posibilidad de llegar a ser mi puta en los infiernos.
Luego le perdí el rastro… ¿que podía importarme su corta vida si ya era mía?
Pasaron los años y se acumularon los desvaríos, y tal vez algo la asustó porque a los veintitrés dejó el porno y grabó un disco intrascendente. Luego escribió una novela.
También hizo cine, con magros resultados artísticos.
Finalmente pasó lo que suele pasar en estos casos… un pinchazo de más en medio de una orgía, una equivocación en la dosis… y se murió.
El joven corazón estallado de tanta química y tanto exceso.
Entonces subí, la atrapé en pleno vuelo y me la llevé derechito para mi casa, el Castillo Pandemonio.
Mi perro el Can Cerbero la esperaba meneando la cola, y no bien llegó se la montó.
Creo que entonces Sasha entendió el significado de “el gusano roe y roe sin sosiego”… tanto ardor sintió con el perro, tanto e imposible de saciar.
Ahora yo me divierto viéndola copular con mis súcubos en un estado de total desesperación. También suelo torturarla hasta despedazarla en sanguinolientos fragmentos, luego la recompongo y la vuelvo a torturar.
Me apasiona escucharla chillar por el espanto.
Aquí, en los infiernos, Sasha aprendió a llorar de pena.
Y conoció, finalmente, el arrepentimiento por sus culpas.
Pero es tarde.
Ahora ella me pertenece, y así será por toda la eternidad.

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