Los falsos dioses

El judoka olímpico habla por la radio y afirma sacrificarse para alcanzar el oro.
Y justifica ese sacrificio en la medalla, en el podio y en los colores de la bandera.
Asimismo, no niega padecer algunos problemitas emocionales… frustraciones generalizadas y pérdida del sentido de la realidad.
Dice contar con su familia y con sus amigos para recuperarse.
El “Word Reference” on line define “sacrificio”:
“Ofrenda de una vida que se hace a una divinidad”…
El deportista en cuestión, entonces, estaría ofrendando diariamente su vida a una divinidad, que en este caso sería el dios éxito -podio, medalla-, o el dios patria -colores, bandera-
Yo sospecho que esos dos dioses son el mismo.
Podríamos llamarlo, por los místicos descalabros múltiples que produce en sus acólitos, el “dios rivotril”.
Los seguidores de este culto ya superan con creces a los del Islam, del Judaísmo y del Cristianismo todo.
Su única plegaria es el consumo.
Aseguran que el efímero presente es una herramienta puesta al servicio del futuro, única realidad.
Esto último es dogma.

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