Metástasis

Las “fuerzas de paz” llegaron al país rebelde una fría mañana de octubre. Llegaron como un río de hormigas a bordo de sus portaaviones grises y brotaron como bolas de termitas desde las bodegas oscuras de sus submarinos atómicos.
Desembarcaron en la playa, se subieron a sus helicópteros y se extendieron como una metástasis por todo el territorio enemigo.
Les llevó solo una semana ocuparlo.
Luego comenzaron la ofensiva con rigor científico: primero violaron a las mujeres y masacraron a los niños; después torturaron a los hombres y exterminaron a los viejos.
Más tarde bombardearon los hospitales, clausuraron las escuelas, derrumbaron los templos y saquearon los museos.
Coparon la radio y la TV, escribieron en los diarios, prohibieron las costumbres, eligieron un nuevo gobierno y decretaron la “liberación” del pueblo.
La ofensiva duró dos años y fue un éxito rotundo: el país no sólo abandonó su actitud rebelde, sino que hasta dejó de ser un país.
Cuando finalmente se fueron, se llevaron las riquezas de la tierra, del aire y del agua, ésta incluida.
Y regresaron a la seguridad del Imperio.
Unos años más tarde, la Academia Sueca, por unanimidad, le otorgó al comandante en jefe de esas fuerzas el Premio Nobel de La Paz.
El galardón es Ad Libitum.
En el imperio todos dicen ser cristianos.
“In God we trust”… pusieron en sus billetes.

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