Soy Onías, vine a escribir

Soy Onías, y vine a escribir. No es que haya algo en especial en mis palabras, ni necesidad… o tal vez sí. No tengo mucho tiempo. Veo alrededor y las cosas cambian… los autos se transforman en otros autos, las calles se transforman en otras calles, las pizzerías y las vidrieras y los edificios también. El calendario agrega números y más números y hasta la gente cambia.
Y también desaparece.
Yo aún estoy aquí, mi nombre es Onías, o tal vez soy Jonás… algunos, unos pocos, me reconocen en la calle y me llaman Diego… ¿quién sabe?
Mi segundo nombre es el del santo de Auswitch, Maximiliano María Kolbe, y él es mi santo.
Soy de aquellos que trazan círculos y rezan. Soy de aquellos que olvidan lo rezado. Y también soy de aquellos que escapan de Dios y terminan enredados entre las húmedas tripas del Gran Pez.
He sido vomitado en la arena una vez más… dos, diez, cien, setenta veces siete.
Desde aquí estoy ahora yendo a pie rumbo a Nínive.
Siempre estoy yendo a Nínive, en realidad.
“En sólo cuarenta días Nínive será destruida”
Y yo ya quiero ver el azufre cayendo desde el cielo.
Pero la lástima de mi Señor es infinita,
la paciencia de Dios es infinita, 
igual que Su amor.

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