Buenos Aires vidriera

Salí de casa antes del mediodía y me tomé el 123. En Chacarita, frente al cementerio, dos porciones de muzarella en Imperio me salvaron de la inanición, y desde allí, derechito por Corrientes, me fui pateando para el centro. Ya a las pocas cuadras comencé a experimentar unas leves náuseas… pieles tatoo, piercings en cejas, orejas, pómulos, pitos, lenguas, narices, culos y vaginas, tanto de adultos macho como de adultos hembra, humanos trenzados, barbados, tuneados, lipoaspirados y botoxicados; adultos casi ancianos viviendo en una adolescencia tardía de propaganda de TV… ojos desprovistos de piedad, miradas heladas, posturas cinematográficas, el espíritu -sí, el espíritu- olvidado muy detrás, detrás del celular, del tweet, de la trampa infantil, de la laptop, de la cuenta bancaria, del chupetín, del blackberry, del superclásico, del facebook, de la pilcha, del arito, del automóvil, de la pinta, de la máquina, de la tecnología, de la TV, de la superficie y más atrás de lo que hay en la superficie… muy adentro y profundo e invisibilizado por el ahogo elegido, porque hay libre albedrío, una libre elección de lo que el mundo ama y que no sirve para nada, de lo que se vuela con el viento: la gloria del mundo. Yo sé que Galeano no cree en Dios, pero no me importa porque en esto seguro estamos de acuerdo: lo que la civilización occidental es al hombre es lo que el cáncer al cuerpo. Por eso, ya al llegar al Abasto, mañana de sol bajo por el ascensor, me moría de ganas por volver a Bolivia. Estar sentado ahí al pedo viendo volar a los gallinazos en el cielo de Coroico o mateando y mascando coca con los mineros en Potosí. Es que la “negrada”, en su simple dignidad, es mucho más real que el triste mar de simios que camina por las calles porteñas… lejos.

Estas fotos las hice al salir de la expo de Marcos Lopez en la Recoleta, mientras caminaba hundido y desesperado hacia el obelisco y hacia otras dos porciones de muzarella en Güerrín, porciones salvavidas, que le pasan el trapo a casi todas las pizzas al corte de la Capital Federal.

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