Yavi Chico

Salimos caminando rumbo a Yavi Chico luego del medio día, con un clima frío y amenaza de tormenta. Al caminar un par de kilómetros nos alcanzó un cuzquito negro que nos acompañó todo el viaje de ida. El paisaje se fue volviendo muy austero y desértico, y el cielo se fue poniendo gris, primero, y negro al llegar, negro en nuestras espaldas. Dimos una caminada breve por el pueblo diminuto, hicimos unas fotos, y al buscar un taxi para regresar caímos en la cuenta que ya no había taxis hasta el siguiente día y debíamos volver caminando -o quedarnos a dormir-. Salimos caminando entonces bajo las nubes negras cuando caía el sol, y unos kilómetros más adelante empezó la lluvia helada… y los rayos. Una tormenta eléctrica en pleno desierto y sobre nuestras cabezas, sin un árbol a la vista y rodeados de tierra y arena hasta el infinito: una condición ideal para la electrocución espontánea. Pero seguimos ¿que más podíamos hacer?. Cuando llegamos a Yavi ya eran pasadas las 21hs y estábamos empapados y helados. Entonces nos dimos una ducha caliente, nos calzamos ropa seca y nos fuimos a comer un asado de llama a una cuadra del hotel, mientras la lluvia no dejaba de caer y los rayos fatigaban el desierto con sus violentas descargas.

 

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