El moscatel helado

La religión cristiana, en especial la Católica Romana, presenta al jugo fermentado de la vid como uno de los emblemas del Reino de los Cielos, aunque condena tibiamente a la mera borrachera. Ya Jesús se definió al respecto cuando, en las Bodas de Caná, convirtió el agua de las abluciones de los fariseos, con toda la rigidez religiosa que esto representaba, en vino, vino bueno, en su primer y bello milagro, que es emblema de sus propias palabras. Más tarde Él mismo cuenta que, por haber compartido la mesa con la gente común de pueblo de Israel, fue injuriado por los jerarcas del templo como un “comilón y un borracho”. Y al final bebe, en la última cena y junto a los 12, la copa que luego será la copa del sufrimiento y de la resurrección, llevando esta bebida a la máxima jerarquía: “Esta es mi sangre, que será por ustedes derramada, para el perdón de sus pecados”… Particularmente, de todas las bebidas alcohólicas que existen, prefiero el vino, y de todos los vinos, el moscato. Se sirve muy frío, ya que es espeso y dulce, aunque deja en el fondo del paladar un exquisito sabor áspero y casi amargo que pide un nuevo trago y otro y otro. No se bebe con la carne asada ni con las pastas, sólo acompaña la pizza y las empanadas, y también se utiliza en repostería. Su exceso genera borracheras muy espirituosas que, a veces, pueden tornarse tristes o violentas. Es producto de la uva moscatel, uva económica y  berreta, por eso su valor económico en comparación a un vino tinto de pura cepa. Yo ya me he bebido mis numerosos galones de moscatel, y voy por más. Hoy por la noche amaso pizzas y ya están enfriándose en la heladera dos botellitas de la sangre amarronada de mi Señor… 

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Y así resulta el exceso de la uva moscatel en el torrente sanguíneo: pérdida de la motricidad, pérdida de la expresión facial -uno termina con la cara de idiota que ustedes pueden apreciar en el gif-, pérdida de la memoria, mareos -todo gira y gira alrededor- pérdida de las facultades mentales superiores y de la capacidad para realizar cualquier tarea, sea ésta cual sea… aunque lo que no se pierde ni en pedo sino que se potencia, es la fe en Dios y en la maravilla mágica que atraviesa la vida como una estela cometaria…

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Yo recomiendo, si es usted un neófito del moscatel, comenzar por elegir una buena pizzería, puede ser El Fortín, en Monte Castro; o Imperio y Santa María, en Chacarita; o Burgio, en Belgrano; o Las Cuartetas y El Palacio de la Pizza, en el centro… o Güerrín, también en el centro, pero de parado. Usted se sienta -no en Güerrín, ya que el horno mejor, el horno a leña, es el de la pizza al corte- y se pide un moscato Crotta de litro. En todas estas pizzerías que le recomendé hay moscato Crotta, y arranca nomás chupeteando antes de pedir la zapi, por lo menos media hora antes. Lo puede mechar con hielo, es preferible al principio para que pegue menos… y yo le aseguro que para cuando llegue la pizza que usted ordenó, su estado será tan liminarmente generoso como los espíritus que anidan en el color ámbar del jugo de este berreta varietal italiano. Cuide, al terminar la zapi y el litro de moscatel, de dejar un mínimo resto de cordura motriz para llegar a la vereda y no terminar vomitando todo frente a los demás comenzales…

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