Caminata dominguera

Tipo seis de la tarde, cuando el sol comenzaba a caer, salimos a caminar hasta Palomar y sentarnos en un bar a tomar una cerveza. Mucha gente, mucho ruido, muchas motos, autos, bicicletas, gente tomando helados llevando a los chicos al pelotero y a la calesita, música a pleno, bocinas… pero eso está bien, el problema de los domingos es ver a los machos lavando el auto en la vereda y escuchar, mientras se camina buscando una foto con corazón, el relato del partido de fulbo, sea cual sea, asaltándolo a uno desde cualquier ventana parlante… entonces uno cae en la cuenta que, definitivamente, es domingo y que lo peor de todo es que al otro día es lunes; lunes de llanto y suicidio, lunes de carencia, lunes de prohibiciones porque no se puede vivir todos los días como se vive el fin de semana. En fin, llegamos al bar, nos tomamos una Stella, nos volvimos a casa y yo cociné dos pizzas: muzarella y cebolla, más moscatel, más birra roja para mi chica. Y así se fue otro fin de semana, como se va, irremediablemente, todo esto que llamamos vida.

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