Dos amigos y diez retratos etílicos

El viernes último por la noche, al salir de la universidad, me encontré en Ottonelli para comer una zapi con dos amigos, Gustavo y Esteban. Como estos son de esa especie que se caracterizan por la charla filosofal sin fin y la ingesta desmesurada de alcohol, la velada se prolongó necesariamente hasta las seis de la mañana del sabado, cuando ya dejaron de responder los sentidos corporales más primarios. Obviamente luego de dos litros de moscatel helado y una conversación a gritos y carcajadas la pizzería se guardó el derecho de admisión y nos negó el tercer litro -Ottonelli del culo, no piso más tu fucking local mala leche- entonces nos fuimos al kiosco de Esteban -que estaba cerrado- a continuar destapando birras… ¿cinco, seis, cien? ¿que más da?; conclusión: una de esas altamente necesarias noches con amigos en donde uno actualiza su sentir y establece nuevamente un piso en donde pararse seguro y querido, que la amistad sino ¿para que mierda sirve?
Estos retratos son de ellos dos en el kiosco y en ese estado etílicamente liminar.

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