Las tres piezas del tablero -reflexiones a la luz de un nuevo Papa-

Entiendo que la vida es lo que es de acuerdo a la persona que mira. Vemos el mundo como somos, como sentimos, como pensamos. Cada mundo y cada ver está, de algún modo, condicionado por la genética, por la historia personal y por lo identificado en el camino recorrido. Por lo tanto podría asegurarse que hay tantas vidas distintas en el mirar como miradas existen en el mundo. Miradas diversas en distintos códigos e idiomas, miradas únicas dentro de una multitud de culturas únicas. Hay personas que aseguran, por ejemplo, no poder vivir sin fútbol. Otras sin libros. Otras personas no pueden vivir sin armas, otras sin arte, sin facebook y sin comida mediterránea. Hay personas que no pueden concebir la vida sin sexo y otras que no pueden entenderlo. Y hay dos sexos, tres sexos, cinco, diez, mil decenas de sexos, tal vez uno por cada cuerpo y por cada mirada, por cada cultura y por cada código e idioma. Hay personas que no pueden vivir sin automóvil, sin novia, sin el mate o sin el escabio. Y hay otras personas, como yo, que no pueden vivir sin Dios. No digo que no pueda andar por ahí sin Dios… podría seguir caminando y respirando y, tal vez, ejecutando montones de actos banales, como por ejemplo ver películas o amasar pizzas. Pero sin Dios, nada de eso sería vida, sino tan sólo una letanía aburrida e insidiosa cuya mayor posibilidad de dicha se podría hallar en un pronto encuentro con la tumba. Y como no puedo asegurar que Dios exista, a veces ni siquiera a mi mismo, esta mirada particular de la vida y de la fe vale sólo para mí, es intransferible, pues cada uno cree en un modo particular que es espejo del modo particular de como mira al mundo. Y lo mismo resulta para los que no creen, cada uno con su modo particular de no creer, único e intransferible. Y esto es muy rico, porque la riqueza que brota en el humus de la diversidad, riqueza que tal vez crezca regada por el líquido vital de la tolerancia, es el más multicolor y multifacético néctar-maná del mundo humano, con sus infinitas aristas y sabores y colores, un reservorio perenne como la hierba, algo así como un “super nicho cultural humano total”. Por eso, el que quiera respirar el vientito que deja Messi al exalar mientras corre la pelota, que lo respire; el que quiere casarse con el motor de su auto y tener su luna de miel en el caño de escape, que se case; y el que no quiere, o no puede, o le importa un pito no creer en Dios, que no crea. Fuera la “tolerancia cero” de una buena vez, bienvenida la “tolerancia total”. Debe ser por eso que, en estos días de Papas que renuncian y otros Papas que toman su lugar uno puede identificar por donde anda creciendo la plantita, si es que crece, y si crece cómo es regada, si es que lo es. Porque hay muchas personas que no se conforman, vaya a saber uno porqué, con su particularidad exclusiva, sino que va por la vida tratando de que su particularidad sea la de todos. Y esto sucede, primero, entre los que creen, porque ante todo y contra todo hay que salvar al hombre. Por eso la religión va metiendo la cola entre las leyes de todos los países del mundo para que estas leyes sean lo más parecidas posibles a las leyes de Dios. O de “su” Dios, porque hay leyes del Dios hebreo, hay leyes del Dios musulmán, leyes del Dios cristiano, leyes del Dios Zoroastro, leyes del Dios sintoísta, leyes del Dios espiritista, leyes del Dios budista, leyes del Vacío del Tao, leyes del Señor Krishna, leyes del Dios ciencia, leyes del Atman y del tenrikyó y del neopaganismo, hasta hay leyes del no-Dios ateo y leyes del porrero Dios del rastafarianismo… es decir, hay leyes de las leyes de las leyes de las leyes de las leyes de las leyes de las leyes de las leyes y de las leyes y así sin parar hasta el casi infinito tiempo pre-humano. Por eso, hermanos, ¡basta de querer salvar al hombre!… ¡libertad!; no olvidemos la tolerancia… que se salve el que quiera ser salvo. Y chau.

Me siento feliz de que Bergoglio sea el nuevo Papa. Estoy feliz porque parece un buen tipo, un buen cristiano. Y me gusta el nombre que eligió, Francisco, porque a la Iglesia le hace falta, casi con carácter de urgencia, algo de la humildad del Pobre de Asís. Y, por supuesto, me gusta porque es argentino… ya quisiera yo librarme del orgullo patriotero, pero no hay caso. Por eso le deseo lo mejor de lo mejor de lo mejor y le pido a Dios por su pontificado que acaba de comenzar. Yo quisiera verlo combatir con coraje, como buen soldado de Cristo que se precie, contra la corrupción, tanto sexual como moral, que pulula en la Iglesia con la pesadez de la pus. Pero no quisiera tener que verlo prohibiéndole a mi vecina indigente –y atea– que aborte su décimo hijo en condiciones dignas, empujándola a un aborto ilegal -y a la muerte, tal vez- en condiciones paupérrimas. Quisiera verlo aprobando la unión matrimonial de los sacerdotes como opción de vida, para evitar de este modo que esa energía hoy estúpidamente prohibida y para muchos incontenible, no se desboque y termine arruinando la vida de los pequeños del peor modo posible, avergonzando tristemente las palabras del Señor; pero no me gustaría verlo intentando desbarrancar una sola ley votada por el mundo laico, sea la de matrimonio igualitario o la de adopción extraterrestre. Me gustaría verlo expulsando a los mercaderes del Templo, perdonando a la prostituta, cenando en la casa del rico, lavando los pies de los santos, convirtiendo el agua en vino, perdonando los pecados, apacentando a su Iglesia, que es también mía. Me resultaría genial que este Papa deje de mirar el mundo de los que no creen, de los que no les importa salvarse, y se concentre en sus ovejas, en el pueblo de Dios, separando la cizaña del trigo, sembrando semillas de mostaza, mezclando la levadura en la masa… y quién sabe si con el tiempo no logra elevar la moral de la Iglesia y por ahí los que no creen ven y se maravillan y terminan creyendo. Porque ya sabemos los que creemos que a veces todo parece perdido y mientras nos hundimos Dios, en un instante, cambia de lugar tres piecitas del tablero y la partida está ganada. Y también sabemos, y esto lo sabemos todos, que no hay mejor enseñanza que el ejemplo.

Y para terminar están los otros, el negativo de la fe, los ateos militantes, esos que también quieren que su particular modo de ver el mundo sea el de todos. Esos que se burlan porque están seguros de su no fe, están seguros de que Dios no existe. Son los que prohibirían con gusto, si pudieran. Una sola reflexión: son una pieza más en el tablero, un ladrillo más en la pared. En fin, hermanos, nada de miedos, Dios no se muda. Nada de miedo había en David un instante antes de matar a Goliath con su propia espada.

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