Retratos sin luz

El sabado 18 al mediodía estuvieron comiendo un asadito en casa unos viejos amigos: El negro Esteban -black- con su esposa Silvana y Valentina, su hijita de dos años, y el Alfred, antiguo camarada musical y vecino del barrio… ellos dos fueron compañeros míos de un conservatorio años ha y Silvana, en la secundaria, compañera de Paula, mi mujer. Black y Sil tuvieron hace más de cinco años la brillante e inspirada idea de presentarnos a Paulita y a mi, por lo tanto, son los responsables de que esta relación exista -aunque no que perdure-.
La charla se prolongó hasta bien entrada la noche y recién ahí agarré la cámara. Creo que, aprovechando la escasa luz de una débil lamparita del jardín, me esforcé por hacerlos parecer bastante alienígenas -aunque yo parezco un pájaro en la última, un pájaro mutilado y borrachín-, quise que se vean un poco como el polimorfo invasor implacable de “The Thing”, o como las agonizantes personas empotradas en las paredes de la maquinaria terraformadora de Alien 2 a la espera del parásito arácnido y su cruel depósito intestinal. Pero en fin, son humanos y son ante todo amigos… ya que por ahora -desgraciadamente- los aliens sólo existen en las películas.

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