Mina -Cerro Rico, Potosí-

Hay experiencias que no son gratas pero que no se pueden olvidar… tal vez la gratitud de haberlas vivido reside en el hecho de haber enfrentado con dignidad su claustrofóbica angustia. Desde ya esto solo puede entenderse desde mi asma siempre crónico y mi traidora alergia repentina a una gran variedad de gases tóxicos… basta entrar en la mina para respirar, entre otras ponzoñas, ácido sulfúrico, cloro, anhídrido carbónico y toneladas de polvo; y todo ello rodeado del más extremo encierro y del calor más asfixiante. La liminar experiencia duró unas cuatro horas y el escenario fue la “Mina Candelaria”, en el cerro Rico, Potosí, mina que hoy es una cooperativa y otrora uno de los escenarios de la dominación religioso-colonial. Bajamos tres niveles, recorrimos kilómetros en esa tumba cuyas paredes aparecen veteadas de oro y plata y cuyos integrantes, en su necesidad de supervivencia, reducen su vida a unas cuatro décadas. Creo que estuve a punto, en un momento, de prometer cualquier cosa por volver a ver el sol. No hizo falta, finalmente el túnel de piedra se abrió a la luz y respiramos la atmósfera potosina como se respira es espíritu de Dios. Por la noche cenamos papas rellenas con queso de cabra, carne asada de llama y salsa ultrapicante. Y nunca, a la luz del encierro minero de la tarde, una cena me resultó tan rica y maravillosa. Juro que no volveré.

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