De Salta a Cachi por la Cuesta del Obispo

Regresamos del cerro San Lorenzo y corrimos a la terminal de micros en donde subimos a un “bus” de Rueda Hermanos que, de tan viejo, parecía haber salido de una pesadilla escolar de la infancia. Al rato de sentarnos subieron una Virgen de sonrisa serena y enigmática que iba fantasmagóricamente montada en brazos de un muchacho, una Virgen vestida de sedas amarillas, cintillas bolivianas y piedras color magenta en su radiante corona. Recuerdo que pensé -Dios no va a permitir que se accidente un bondi en donde viaja una representación de Su Madre-, pero en fin, el chico y la Virgen se fueron para el fondo y el viaje comenzó. Hay que decir que la desvencijada mecánica del colectivo fué contrarrestada por la increíble destreza de sus pilotos -fueron dos igual de diestros, que cambiaron el asiento a mitad de camino-. Salimos de Salta capital con un calor muy húmedo y subiendo durante horas por un camino extremadamente sinuoso, hermoso y peligroso, atravesamos la cuesta del Obispo llegando literalmente hasta las nubes, con una lluvia helada y un frío demoledor. Luego bajamos de lo alto y descendimos, ya con mejor clima, por una recta kilométrica que atraviesa el parque nacional “Los Cardones” hasta llegar a Payogasta, y unos minutos más tarde, a Cachi, en donde, gracias a la providencia divina, la Virgen permitió que le hiciéramos unas fotos en la vereda.

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