Año nuevo

El 31 a la noche fuimos a recibir el año a la casa de mis viejos, nos comimos un rico asado y nos tomamos unos abundantes vinachos. Y llegada la hora del cambio de año subimos a ver la cohetería y el refusilo desde la ventana de la planta alta. Las tomas, a mi entender, no son un gran qué, pero tienen el sabor de haberlas vivido y de, ya a dos días del suceso, una extraña pero irremediable nostalgia. Porque el 2011 ya fué, las salidas, los besos, las pizzas, los aciertos y las lágrimas… todo ha muerto, ya lo sé. Tal vez es ése el sabor que a uno le falta rockeando y que cree recuperar cuando escucha el tango por vez primera: la nostalgia y el dolor del tiempo que, como el agua, se escapa entre los dedos sin remedio, y de una vida que es una gran acumulación de recuerdos, un diario, una experiencia que termina, imágenes y silencios… un blog. Y en definitiva, de eso se trata este blog: una gran acumulación de desaciertos. Y eso, a mi entender, es la vida. ¡Y salúd!

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