Domingo de tapas

Jorge llamó al mediodía para invitarnos a festejar su cumpleaños en un bar de tapas, barrio de Belgrano, caserón de tejas. Salimos de casa temprano, tipo cuatro de la tarde, 123 hasta Mosconi y San Martín y desde allí pateando -y haciendo fotos- hasta el sitio, reptando entre supermercados a la caza de un buen vinacho digno de regalo cumpleañero. Llegamos de noche, morfamos, chupamos, arreglamos el mundo y luego nos llevaron a casa pasada la medianoche. Y la verdad es que, en ese contexto de festejo, casi ninguno de los cuatro cayó en la cuenta de que el día siguiente era lunes y que ya estaba firmado el certificado de defunción del fin de semana. En fin, hoy que escribo esto es jueves por la mañana: siento la promesa de libertad creciendo en mi interior como se siente crecer el placer del orgasmo.

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